A 32 años del fallecimiento de uno de los más grandes intelectuales argentinos: Arturo Jauretche
Por Raúl Ganuza
Sagaz,irónico, pensante, y muy comprometido con sus ideales y principios, Arturo Martín Jauretche fue un exponente auténtico del ser nacional, del patriotismo y del respeto y valoración de nuestras costumbres y cultura.
Nació en Lincoln, provincia de Buenos Aires, el 13 de noviembre de 1901. Vivió su infancia y adolescencia en su lugar de origen, hasta que se fue la Capital Federal a estudiar Derecho.
Fue abogado, escritor y también militó en política. Entre sus obras se encuentran: “El Paso de los libres”, “Manual de zonceras argentinas”, “El Plan Presbich”, “Prosa de hacha y tiza”, “Ejército y política”, “Los profetas del odio y la yapa”, “El medio pelo en la sociedad argentina”, “FORJA y la década infame”, “Filo, contrafilo y punta”, “Mano a mano entre nosotros”, “De memoria. Pantalones cortos”, “Política y economía”, y “Política nacional y revisionismo histórico”. También escribió diferentes artículos que aparecieron en periódicos de vida escueta como “Señales” y “El 45”, diario “El Líder”, hasta publicaciones en medios de mayor trayectoria como la revista “Qué”, “La Nación” y “La Prensa”.
El 25 de mayo de 1974, a los 72 años, y luego de una huella indeleble, impresa en la historia argentina y en muchas generaciones que lo leyeron y conocieron, Arturo Jauretche fallece en Buenos Aires. Tal vez el destino quiso premiar, con que se lo conmemore (conociendo la necrofilia argentina para con sus próceres) en este día patrio, que significó el comienzo del proceso de la independencia de España, a un hombre que dedicó su vida a avivar a sus compatriotas, justamente para evitar la dependencia con otros países.
Uno de sus libros más célebres
Jauretche expone en su libro “Manual de zonceras argentinas”, una serie de principios introducidos en la formación intelectual de los argentinos (zonceras), “desde su más tierna infancia y en dosis para adultos”, como él dice, que impiden el desarrollo de una conciencia nacional, propia de las costumbres, cultura y realidad de esta tierra.
El escritor también sostiene que hay que detenerse un instante en el análisis, para que la zoncera resulte obvia. “Pero ocurre que lo obvio pasa con frecuencia inadvertido, precisamente por serlo”, agrega. Una vez que uno analiza la zoncera que le ha sido inculcada, y realiza unos momentos de introspección se convierte en un sujeto más “avivado”.
El abogado nacido en Lincoln intenta, con éste libro y con la mayoría de sus obras, despertar en el lector y en la mismísima sociedad argentina un ser y una identidad nacional, que se encuentran sesgados por una “pedagogía colonialista”, que los domina y controla sus desenvolvimientos.
Para ello sostiene: “Descubrir las zonceras que llevamos adentro es un acto de liberación. Es algo así como confesarse o someterse al psicoanálisis, y siendo uno el propio confesor o psicoanalista. Las zonceras no se enseñan como una asignatura. Están dispersamente introducidas en todas y hay que irlas entresacando”.
Hay que señalar que Jauretche con las instrucciones y enseñanzas de este libro, se asimila en parte, a la tarea que ejercía Sócrates en la antigua Grecia. El filósofo griego con su método de refutación, llevaba al absurdo las afirmaciones de un interlocutor determinado, mediante una serie de conclusiones legítimas que ponían de relieve el error o la contradicción que la afirmación encerraba, aunque a primera vista no lo pareciera.
De la misma manera, el autor de “Prosa de hacha y tiza”, refuta varios clisés de la sociedad argentina (como “el granero del mundo” o Sarmiento, “el niño que nunca faltó a la escuela”), mediante un lúcido análisis del origen de la zoncera y su aplicación errada en la realidad del país, que deja al lector examinando algunos de sus saberes que creía que eran certeros.
En ambos casos la refutación persigue como meta la purificación del alma o la mente de ideas o nociones erróneas. Solo el reconocimiento de la propia ignorancia (Sócrates) y las zonceras (Jauretche), puede constituir el principio o punto de partida del saber realmente válido y necesario. Por ello, don Arturo se autocalifica como un “revisionista histórico”.
El método socrático de refutación tiene su complemento en la mayeútica. Esta última es el arte de Sócrates que consiste, no en proporcionar él mismo los conocimientos, sino en ayudar al alma de los interrogados a dar a luz los conocimientos de los cuales están grávidos. Sócrates insiste en que toda su labor consiste solo en ayudar o guiar al discípulo, y no en transmitirle información. El maestro en este caso no representa más que un estímulo. El discípulo en cambio, debe llegar a la conclusión correcta mediante su propio esfuerzo y reflexión.
De modo semejante, el abogado y ensayista bonaerense expresa: “Doy con unas cuantas de ellas (zonceras), la punta del hilo para que entre todos podamos desenredar la madeja”. Esto sirve de guía al lector, para seguir ahondando en el tema y para tratar de ayudar a otros compatriotas a “avivarse”. Don Arturo remata su “Manual”: “Métale lector, pues queda para usted la tarea de continuar. Le recuerdo que este manual es un simple muestreo”.
Más aún, cuando uno profundiza la obra, lo que queda expuesto como denominador común de todas las zonceras, por encima de diferentes afirmaciones políticas e históricas, es un método. Un procedimiento forjado en una matriz de prueba y error. Analiza en el texto modelos ideológicos importados de las metrópolis de Europa, que al aplicarse en el país, daban resultados diferentes de los presupuestos, por la oligarquía nacional.
Otras semejanzas
Cabe destacar también, que no solamente en los aspectos anteriormente señalados pueden encontrarse similitudes entre Sócrates y don Arturo. Sus formas de predicar y enseñar, tenían puntos en común: ambos tenían un fuerte arraigo de sus principios morales, una gran perspicacia y agudeza mental para ver los problemas de su época, llamaban la atención de los jóvenes y utilizaban la ironía y el humor en sus explicaciones.
Adolfo P. Carpio en su libro “Principios de Filosofía”, expresa sobre el filósofo griego: “Es indudable que en muchos casos el procedimiento envuelve buena dosis de ironía; pero, de todas maneras, no se trata de un juego intelectual ni de una burla. Por el contrario, y a pesar del humor con que la lleva a cabo Sócrates, hombre que conoce todas las debilidades humanas y las comprende, la refutación es actividad perfectamente seria. Más aún, se trata de una actividad no solo lógica o gnoseológica, sino primordialmente moral”.
Por otra parte, el cineasta argentino Pino Solanas lo define al autor de “El Paso de los Libres” como, “un crítico muy lúcido y con mucho sentido del humor”. Victor Muleiro, periodista, también opina sobre el “Manual de zonceras argentinas”: “Prosa brillante, llena de humor corrosivo, asentada en un enorme conocimiento de la Argentina y su gente”.
Pero las analogías entre los dos personajes, no se acaban ahí.
Es sabido por muchas personas, que Sócrates no ha escrito nada y que sus ideas y métodos filosóficos fueron llevados a los libros por su discípulo Platón. También se conoce que Jauretche ha escrito muchas obras y artículos periodísticos. Entonces, ¿cuál es o en qué se basa esta última comparación?...
Alejandro Dolina, periodista y escritor, dice al respecto: “Jauretche tiene en su prosa desprolijidades propias del que no corrige demasiado, del que no elabora. Pero también tiene el relieve de la conversación. Hay también un decir propio de la pampa húmeda”. Y remata: “Sospecho que dictaba”.
Uno de los amigos y allegados de don Arturo, Jorge Abelardo Ramos, ratifica esta última característica que señaló Dolina, al sostener que, “era literalmente una prosa hablada, pues Jauretche rara vez escribió. Dictaba siempre, después de imaginar sus artículos, sus argumentos y ocurrencias. Conocí muchos artículos que me contó y que luego no llegó a publicar porque no tenía una dactilógrafa a mano”.
El sello del escritor
Sobre el estilo de escritura jaurecheano, hay que señalar que la intención coloquial de su literatura, tenía como eje la idea que muchas veces era más confiable la palabra viva y desinteresada que se decía en la calle, o en las distintas situaciones de la vida cotidiana, que la pronunciada en un discurso público o la impresa en un diario cargado de doctrina.
Este método lo llevó a emplear vocablos poco frecuentes en la escritura: “mozo”, para mencionar a un hombre joven, “señora gorda”, “vivillo”, “burro”, sin pasar por alto “cipayo” e “intelligentzia”, que usaba para referirse a la oligarquía nacional. En estos términos poco usuales de su escritura, hay una incitación a la reflexión y curiosidad del lector, y también la búsqueda de una forma expresiva auténtica, que connotan la identidad y personalidad del autor.
Dos días después de la muerte del ensayista político, el 25 de mayo de 1974, Tomás Eloy Martínez escribió en el diario La Opinión: “Jauretche fue menos un escritor que un maestro del lenguaje argentino: enseñó a no confundir belleza con empaque, ni profundidad con rebuscamiento, y probó que ninguna elegancia verbal era más eficaz que el habla cotidiana. También en eso fue un profeta”.
Algunas Frases
“En el territorio más rico de la tierra vive un Pueblo pobre, mal nutrido y con salarios de hambre.Hasta que los argentinos no recuperemos para la Nación y el Pueblo el dominio de nuestras riquezas, no seremos una Nación soberana ni un Pueblo feliz”.
“La oligarquía no solo tiene la manija del poder, sino la bocina de la gloria”.
“El más difícil arte del demócrata es saber quedar solo, cosa en la que fue maestro Hipólito Irigoyen. Solo al pie de la bandera, en la certidumbre que un día, alrededor de ella, se reunirán multitudes. Porque si el conductor no sabe estar solo, es que no cree en la bandera, no puede infundir la fe que le falta”.
Arturo Jauretche
Bibliografía consultada:
http://www.discepolo.org.ar/jauretche.htm
http://www.jauretche.org/home.php
http://www.diariomardeajo.com.ar/arturojauretche.htm
http://www.uncoma.edu.ar/documentos/novedades/conferencia_solanas.htm Diario Clarín, 11 de noviembre de 2001, “El strip tease de la verdad revelada”.
Revista “El Periodista”, 25 de abril al 1 de mayo de 1986, “Arturo Jauretche: El peronismo punk”.
Página 12, 8 de abril de 2001, “Yo le pido a San Jauretche que venga la buena leche”.
Página 12, 13 de noviembre de 2001, “Jauretche cumple cien años”.
Revista “Todo es Historia” Nº 423, 2002, “YO le pido a San Jauretche”.
Libro: “Manual de zonceras argentinas”, Arturo Jauretche.
Libro: “Principios de Filosofía”, Adolfo P. Carpio

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